El patrocinio y el mecenazgo en la I+D

DANIEL DE LA SOTA RíUS

Dirección de Innovación y Sociedad de la información. Confederación Empresarial de Madrid (CEIM-CEOE)

Patrocinio y mecenazgo científico

Para hacer Ciencia es imprescindible invertir en Ciencia. El autor plantea en su artículo que la investigación científica no puede llevarse a cabo únicamente mediante los recursos del Estado. Tampoco con los recursos de las empresas. Ha de haber una suma de ambos y, aun así, el coste actual de la investigación científica y tecnológica supera ambas vías de financiación.

Introducción
Vivimos tiempos de presupuestos ajustados por la crisis económica y financiera. Estas restricciones afectan a todas las áreas de actividad del Estado y así ocurre con la financiación de la ciencia, el desarrollo tecnológico y la innovación. Estos tres conceptos forman parte esencial de la economía DESTACADOSPerfil: Daniel de la Sota Ríus
de nuestro tiempo (lo han sido en todas las épocas), si bien esta que vivimos se caracteriza, además y más que nunca, por la competitividad global, competencia que se manifiesta igualmente en la búsqueda de recursos para financiar la investigación.
La I+D se ha llevado una de las peores partes del tremendo ajuste al que hemos de someternos, y ha sufrido en 2012, uno de los mayores recortes en el conjunto de los Presupuestos Generales del Estado en su historia.

La aportación económica del Estado no llegará a los 6.400 millones, un 25,5% menos que en 2011. Comparados con los presupuestos de I+D en 2009, que alcanzaron 9.662 millones de euros, el gasto presupuestado para 2012 representa casi un 34% menos que hace solo tres años.

Además de a la financiación estatal de la I+D, la crisis ha afectado, asimismo y de forma muy significativa, a la capacidad de financiación de la I+D+i empresarial. El Informe COTEC 2011 señala que uno de los problemas importantes en el sistema español de I+D+i es la escasa dedicación de recursos financieros y humanos para la innovación en las empresas, agudizada a partir del comienzo de la crisis económica. Señala asimismo que la I+D del mundo académico (universidades y centros y organismos públicos de investigación) está poco orientada a las necesidades tecnológicas de las empresas.

Para hacer Ciencia es imprescindible invertir en Ciencia. En un mundo global como en el que vivimos, la investigación científica está obligada a competir también globalmente por los recursos financieros, siempre escasos, además de por los mejores investigadores, algo que suele ir unido.

En palabras del fundador de Palm, Jeff Hawkins, el mundo académico es más cruel que el empresarial. Los fracasos empresariales permiten volver a levantarse una y más veces; si eso ocurre en el mundo académico, las fuentes de financiación se ciegan muy rápidamente. Esto quiere decir que la Hoy es indiscutible que la investigación científica no puede llevarse a cabo únicamente mediante los recursos del Estadoinvestigación académica ha de ser eficiente, si bien la eficiencia se puede, y en muchas ocasiones se debe, medir de forma diferente a la empresarial.

Hoy es indiscutible que la investigación científica no puede llevarse a cabo únicamente mediante los recursos del Estado. Tampoco con solo los recursos de las empresas. Ha de haber una suma de ambos y, aun así, el coste actual de la investigación científica y tecnológica supera las capacidades de ambos, algo que por otra parte siempre ha ocurrido.

Con la reducción de los presupuestos de investigación de las Administraciones públicas y el mundo académico, y la caída de las inversiones en investigación de las empresas, se hace más necesario, incluso imprescindible, comprender las razones que puedan existir para la financiación privada de la investigación científica y el apoyo y participación de entidades diversas y de personas a nivel individual.


Esquema Ciencia Lychnos



Definiciones, pero con matices
A este apoyo financiero podemos llamarlo de muy diferentes maneras: mecenazgo, patrocinio, esponsorización o filantropía, todas ellas con matices y enfoques percibidos en función de las actividades a las que habitualmente las asociamos. Así, el mecenazgo lo define el Diccionario de la Real Academia Española como la «protección dispensada por una persona a un escritor o artista».

El patrocinio viene definido como «ayuda económica o de otro tipo que, generalmente con fines publicitarios o fiscales, se otorga a una persona o a una entidad para que realice la actividad a que se dedica».

Un espónsor se define como el «patrocinador, ya sea persona física o jurídica que, con fines publicitarios o propagandísticos, paga o sufraga los gastos que conllevan ciertas actividades artísticas, humanitarias o deportivas», si bien tendemos a relacionarlo con más nitidez cuando se trata de acontecimientos deportivos.

La filantropía está definida de una manera mucho más amplia que las tres anteriores y dice el Diccionario de la Real Academia Española que es el «amor al género humano».

La Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo, entiende por tal «la participación privada en la realización de actividades de interés general», y define como El objetivo del premio es «decir que la ciencia es tan importante como la compraventa de acciones en Wall Street»beneficiarios de los incentivos fiscales derivados de su actividad de mecenas a las entidades sin fines lucrativos que, además de cumplir con una serie de requisitos de personalidad jurídica, persigan determinados fines, entre los que se cita una larguísima lista de actuaciones: defensa de los derechos humanos […], educativos, culturales, científicos, deportivos, […] defensa del medio ambiente […] y, casi finalmente, el desarrollo de la sociedad de la información, o de investigación científica y desarrollo tecnológico.

Todas las actividades antes citadas, y las que he dejado de transcribir, son importantes, tanto como la propia investigación científica y el desarrollo tecnológico, si bien parece significativo que estos últimos aparezcan en la última posición del larguísimo listado de actuaciones a las que pueden aplicarse los incentivos fiscales que permite esta Ley.

Podría deducirse que el legislador, siendo España un país poco proclive a la I+D, entiende bien el patrocinio, la esponsorización, el mecenazgo o la pura filantropía aplicada a la interpretación y la plasmación de la Naturaleza, eso que llamamos Arte, y a las causas justas y solidarias.

Sin embargo, no parece que se entienda tan bien el patrocinio, la esponsorización, el mecenazgo o la pura filantropía aplicada a la comprensión y la explicación de por qué la Naturaleza funciona como funciona, eso que llamamos Ciencia.


¿Iguales pero diferentes? Los números nos diferencian
¿Es esto diferente de lo que ocurre en otros países, en los que la ciencia, la tecnología y la innovación tienen un papel mucho más importante que en España? De acuerdo a los datos que se desprenden de Nature («Philanthropy in Science». Nature News 447. p 231-232. 2007) parece ser que no, o rotundamente no. En cualquier caso, la historia y los números son radicalmente diferentes.

La esponsorización, el mecenazgo o las donaciones filantrópicas tienen una ya larga historia, y muy especialmente en los países anglosajones, con Estados Unidos a la cabeza. Las donaciones filantrópicas aEs necesario que la ciencia aprenda a venderse, convencer a los financiadores de que su apuesta, su decisión o su deseo es el mejor frente a otros competidores por el mismo recurso la ciencia, tal como las conocemos actualmente, tienen ejemplos antiguos, como la creación de la Carnegie Institution en Washington, D.C. en 1902. El gran número de escuelas, bibliotecas, centros de investigación con nombre y apellido (baste recordar la Universidad Johns Hopkins, la de Stanford o la de Dallas, y sus escuelas en el área de la medicina, el Howard Hughes Medical Institute o el Stowers Institute) hablan claramente de esta tradición.

Pero es desde la pasada década, con los gigafilántropos (apelativo acuñado por la revista Nature) como la Fundación Bill & Melinda Gates, a la que se han sumado otros millonarios, destacando Warren Buffet con 30.000 millones de dólares (24.260 M€), que las fundaciones filantrópicas han comenzado a financiar masivamente las investigaciones en biomedicina.

Recientemente se citaba en la misma revista un premio de 27 millones de dólares para físicos teóricos, donados por el multimillonario ruso afincado en Estados Unidos, él mismo físico teórico por la Universidad de Moscú e inversor en empresas de Internet, Yuri Milner. El objetivo del premio es «decir que la ciencia es tan importante como la compraventa de acciones en Wall Street».

La filantropía científica desempeña en Estados Unidos un papel cada vez más importante en la investigación universitaria en ciencia, ingeniería y medicina, aportando en torno a 4.000 millones de dólares (3.237 M€), con datos de 2011 (Fiona E. Murray, «Evaluating the Role of Science Philanthropy in American Research Universities», NBER Working Paper Nº 18146, junio 2012).

Si a ello se le añaden las donaciones procedentes de fundaciones privadas y personas físicas, la financiación por vía privada puede alcanzar 7.000 millones de dólares (5.665 M€). Según la autora del referido trabajo esta cantidad representaría en torno al 30% de la financiación anual en las universidades líderes en Estados Unidos y sería superior a la obtenida de fondos públicos o de la inversión empresarial en investigación y desarrollo.

El análisis cualitativo de estas aportaciones es incluso más importante porque los fondos del Gobierno financian esencialmente investigación básica y con importancia estratégica para el Estado, en tanto que el sector industrial financia proyectos con objetivos claramente aplicables y medibles en sus cuentas de resultados.

Frente a ello, las donaciones filantrópicas o de mecenazgo no suelen participar en ninguna de estas estrategias, financiando áreas científicas más relacionadas con una percepción de las necesidades ajenas y de protección del entorno y respeto al ser humano y, por ello, más alejadas de un cierto conservadurismo científico que se da en el mundo académico (algo contra lo que quiere luchar Yuri Milner), conservadurismo por otra parte comprensible ya que los investigadores han de asegurar sus fuentes de financiación tradicionales.

Este análisis tiene importantes repercusiones para la definición de políticas de ciencia y tecnología. Al no ser la financiación estatal la única disponible, el mecenazgo o la financiación filantrópica puede modificar la estrategia de captación de recursos tanto de universidades como de centros públicos de investigación, porque las fundaciones o los donantes privados pueden tomar decisiones que afecten a las políticas públicas o privadas sin una discusión abierta o un proceso político.

En Estados Unidos, la distribución de las aportaciones de fundaciones privadas sin ánimo de lucro o donantes privados tiene, como decía anteriormente, sus propios objetivos. Así, de las cantidades aportadas en 2005, en torno al 10% fueron destinadas a ciencia y tecnología, y el resto a otros fines como salud, arte y cultura, medio ambiente, educación y otros.

Si se desglosan las aportaciones anteriores de las fundaciones privadas a la actividad científica, en torno al 65% fueron destinadas a la investigación sobre salud, un 20% a investigación interdisciplinaria, seguida de ciencias de la vida y ciencias físicas, con una última posición dedicada a la tecnología (The Foundation Center’s Statistical Information Service).

De cualquier manera, el volumen de aportaciones procedentes de fundaciones sin fines de lucro o individuos crece de forma muy rápida. En Alemania, por ejemplo, la Fundación Hertie ha gastado más de 90 millones de euros en financiar neurociencia desde el año 2000, frente a 30 millones de euros gastados en el último cuarto de siglo.

En Gran Bretaña, se financia de forma filantrópica más de la mitad de investigación biomédica, liderada por el Wellcome Trust, que aportó más de 484 millones de £ (614 M€) en financiar la investigación en el último año frente a los 270 millones de £ (342 M€) que aportó en la pasada década.

En los Estados Unidos, se ha generado una oleada de aportaciones filantrópicas impulsadas por élites financieras de mayor edad y por el incremento de la tasa de nacimientos. En este último caso, los donantes sienten que financiando la investigación biomédica podrían transformar favorablemente la vida de sus hijos, al mismo tiempo que obtienen importantes beneficios fiscales.


La influencia de la filantropía en las políticas científicas
El creciente importe de las donaciones, y muy especialmente las de los gigafilántropos, tiene por ello un impacto cada vez mayor en el panorama de la investigación, especialmente la biomédica, aunque, y de acuerdo con la apreciación de Hamilton Moses, del Alerion Institute en Virginia (EEUU), «el efecto de las fundaciones privadas es mucho mayor que la financiación que aportan y su influencia muy superior a la de los dólares que aportan».


Más filantropía, ¿mejor Ciencia?
Sin embargo, diversos observadores, entre los que se encuentra Pablo Eisemberg, del Georgetown Public Policy Institute en Washington D.C., creen que podrían producirse importantes distorsiones en el desarrollo de la investigación científica, dado que muchas decisiones se tomarían en los consejos de administración de las fundaciones, con escasa expertise científica y sin control público del gasto de los fondos privados obtenidos.

No todas las fundaciones tienen recursos para evaluar los proyectos que financian ni para elegir a los investigadores capaces de gestionarlos, lo que conduce al debate sobre la eficiencia de los recursos aplicados. «Sin una comparación más rigurosa, se puede cuestionar si a igualdad de financiación las donaciones filantrópicas garantizan una mejor ciencia. Y no creo que esta afirmación pueda sostenerse, ya que muchos Premios Nobel en medicina han sido únicamente financiados por los National Institutes of Health», afirma Mary Woolley, presidenta de Research!America.

En cualquier caso, los nuevos filántropos quieren tener un control mucho más exhaustivo de sus aportaciones y una gestión del riesgo más profesionalizada, así como confirmar que su dinero se aplica al proyecto seleccionado y que los objetivos se cumplen de acuerdo a lo planificado, La financiación de la investigación científica es importante, pero sin duda lo es también la promoción de la ciencia y la investigaciónlo que nos devuelve a la cuestión sobre el control de la actividad del centro de investigación y del investigador.

Si ello se combina con la legislación fiscal a la que están sujetas las fundaciones en EEUU, obligadas a ejecutar anualmente un gasto equivalente al 5% de sus activos, podría suceder que la financiación se dirija a proyectos que les permitan cumplir con este requisito, sin tener en cuenta la relevancia científica o la opinión de la comunidad académica.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, la Universidad de Harvard ha comenzado a focalizarse en partenariados con grandes empresas multinacionales con el fin de financiar sus investigaciones. Harvard recibió en torno al 6% de sus ingresos operativos de fondos federales en el año 2010, la mayoría dedicados a investigación científica. Frente al continuado descenso de las aportaciones federales, el Rector de la Universidad de Harvard, Steven E. Hyman señala que «necesitamos desarrollar modelos efectivos de mecenazgo empresarial».

De acuerdo a los términos del contrato, Harvard distribuye los fondos peer reviwed a proyectos propuestos por sus investigadores, mientras que las empresas tendrían derecho a revisar los resultados de los proyectos financiados.

«Es necesario enfatizar que los proyectos que se inicien en Harvard y estén financiados por empresas habrán sido propuestos por nuestros investigadores y dirigidos por ellos, ya que no hacemos investigación bajo contrato, lo que preserva la libertad académica, la divulgación del nuevo conocimiento y por lo tanto la libertad de publicación, y nos garantiza que no habrá interferencias externas en la gestión de nuestra investigación», dice Isaac T. Kohlberg, Director de Desarrollo y Transferencia de Tecnología de esta Universidad.


Elevator pitch, también para los científicos
Por otra parte, es necesario que la ciencia aprenda a venderse, convencer a los financiadores de que su apuesta, su decisión o su deseo es el mejor frente a otros competidores por el mismo recurso: el financiero.

Pedirle a un inversor privado un millón de euros no es fácil. A medida que los fondos públicos para investigación disminuyen, los investigadores han de esforzarse más y más en lograr fondos privados para continuar sus investigaciones.

Heidi Ledford (Nature 481, 254–255,19 January 2012) indica que para ello será preciso que aprendan a utilizar sus contactos, difundir qué hacen en ciencia y, lo importante, desarrollar su elevator pitch, que toque la fibra sensible del donante y evalúe cuánto estaría comprometido a donar, al mismo tiempo que se ofrecen resultados en un marco temporal aceptable para el patrocinador, hacer que se sienta partícipe y reconocido en el proyecto de investigación.

Parece necesario que los científicos aprendan de una manera reglada cómo captar fondos de instituciones patrocinadoras, y para ello ya hay centros de investigación, universidades y escuelas de negocios que se centran en cómo acercarse a los donantes y cómo obtener recursos para sus investigaciones.

En abril de 2010, la Escuela de Medicina de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, inició cursos para formar a sus científicos en esta actividad. Este fund-raising es muy diferente del que llevan a cabo emprendedores ante las entidades de capital riesgo o inversores privados, ya que se trata de investigación a veces en etapas muy básicas.

Existen otras nuevas alternativas, como es el crowd-funding, pequeñas aportaciones de personas particulares a proyectos o actuaciones concretas, ya sea un pequeño robot simple y fácil de modificar por cada usuario para usos ecológicos, o las donaciones para investigación en enfermedades raras que oímos con cierta frecuencia en los medios de comunicación.

Es evidente que esta vía no es suficiente para mantener proyectos a largo plazo, especialmente por la incertidumbre sobre su continuidad; sin embargo, para determinados proyectos y actuaciones son fondos que pueden llegar a ser importantes y conviene tenerlos en mente y saber cómo, para qué y cuándo poder utilizarlos. Podría parecer que el mundo científico no ha llegado a tiempo de incorporarse a estas nuevas vías de financiación a través del contacto mediante las redes sociales. Sin embargo nunca es tarde, y menos en ciencia, para iniciar nuevos caminos.


¿Y en España?
En España, el patrocinio o la filantropía en ciencia y tecnología tienen una historia más limitada, si bien existen instituciones que hacen importantes aportaciones a proyectos de investigación y a becas para postgraduados. Casos paradigmáticos son las Fundaciones Ramón Areces, Fundación Botín o la importantísima labor que lleva a cabo el Banco Santander a través de Universia.

La Fundación Pro CNIC es un ejemplo claro de cooperación público-privada para el desarrollo científico. Las empresas que la integran reafirman así, a través del mecenazgo científico, un doble compromiso: la promoción de I+D+i, como señal inequívoca de progreso y de avance para nuestra competitividad, y la mejora sustancial de la calidad de vida de todos los españoles.

La financiación de la investigación científica es importante, pero sin duda lo es también la promoción de la ciencia y la investigación, como la que llevan a cabo instituciones como la Fundación BBVA o la Fundación La Caixa.

Creo, en cualquier caso, que se trata de un cambio de cultura y de percepción de la ciencia, la tecnología y la innovación por parte de la sociedad, que no las percibe todavía como esenciales para su progreso y bienestar común.

Esperemos que actuaciones como las que lleva a cabo la Fundación General CSIC, con esta revista como medio de comunicar la ciencia y su impacto en la sociedad, ayude a que este cambio se produzca lo antes posible. Nos va mucho en ello como sociedad.

Perfil: Daniel de la Sota Ríus

Daniel de la Sota RíusLicenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, ha realizado el Programa de Desarrollo Directivo de I.E.S.E., de la Universidad de Navarra. Sus actividades profesionales se centraron inicialmente en el desarrollo de la acuicultura marina y, posteriormente, en acuicultura intensiva de anguilas, siendo director general de una empresa. Posteriormente, comenzó su actividad como consultor en áreas de acuicultura y más tarde en innovación tecnológica y políticas regionales de innovación. Desde 2000, ocupa el cargo de director de Innovación y Sociedad de la Información en CEIM, Confederación Empresarial de Madrid-CEOE, posición desde la que promueve el acercamiento del mundo empresarial al académico, la transferencia de tecnología y la creación de empresas de base tecnológica, al tiempo que participa en la definición de políticas de I+D, enfocadas fundamentalmente a las pymes.

Publicado en Núm. 10


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