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Los expertos centran el debate sobre longevidad en la calidad de vida y no en la cantidad de años

05.07.2017

Vivir más de 100 años. Se puede, ¿pero a qué precio y con qué calidad de vida? ¿Los 60 son los nuevos 40, los 80 los nuevos 60 y así sucesivamente? ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ciencia ficción? La longevidad y sus efectos han sido hoy el tema de debate de la mesa redonda organizada por el Observatorio de Bienestar de IMF Business School, bajo el título ‘Vivir más de 100 años. El camino de la longevidad’.

El acto ha contado con la participación de Francisco Martín Peñalver, de la Clínica Neolife, el sociólogo Juan Manuel Martín González; Clara Parapar, gestora de proyectos de la Fundación General CSIC; José Luis Mazuelas, consejero delegado de Fundación Vidaplus, y la nutricionista Elisa Blázquez, de la Clínica de Medicina Integrativa de Madrid.

Lorenzo Dávila, director del departamento de Investigación de IMF Business School, ha sido el moderador de la charla e iniciado su intervención planteando la diferencia entre la esperanza de vida y el nivel de vida que podemos alcanzar. Para fijar un punto de partida, Dávila ha invitado a los participantes a que pusieran una edad concreta. Un reto que ha recogido José Luis Mazuelas: “lo que está haciendo la ciencia es investigar y avanzar de manera exponencial. Vamos a vivir muchos más años y con mucha más calidad de vida, pero poner una cifra es complicado… más bien es imposible”.

Para Clara Parapar es difícil responder a esta pregunta sin contar con el cambio experimentado en nuestras condiciones de vida, porque nuestra edad de jubilación actual no se parece en nada a la de décadas anteriores. “Hay un aumento de la esperanza de vida gracias a la tecnología y la ciencia, pero las condiciones y el desarrollo económico también influyen. Efectivamente puede que los 60 sean los nuevos 40”, ha aclarado.  Además, ha querido dejar claro que a los investigadores no les preocupa tanto la edad a la que se llega sino las condiciones.

Condiciones de vida en la que influye la nutrición. Hoy más que nunca parece que somos lo que comemos y sabremos cómo estaremos de salud también gracias a nuestra alimentación. “Hoy nos enfrentamos a la cronificidad de las enfermedades, por eso trabajamos mucho en la prevención, porque nuestro estilo de vida afecta a la propensión de las enfermedades”, ha explicado Elisa Blázquez. Así, ha detallado cómo en las distintas zonas del planeta donde se observa una mayor esperanza de vida se cumplen ciertos patrones comunes, como el consumo de antioxidantes. Dos palabras para entender el presente: nutrigenética y nutrigenómica.

Pero el debate también tiene una vertiente ética y de pura supervivencia. “Si llegamos a ser 9.000 millones de personas, veo una convivencia complicada. Porque hablamos siempre de una longevidad desde el punto de vista de países de la OCDE, pero ¿qué pasa en los países no tan desarrollados? ¿Es sostenible que todos vivamos 120 años? Probablemente no. Porque hoy ya hay gente que vive 100 años y otros que no llegan a los 45. Hay que pensar en una redistribución de recursos”, ha sostenido Juan Manuel García.

A Francisco Martínez Peñalver, el único médico de la mesa, le ha tocado aterrizar los planteamientos expuestos hasta el momento. Los médicos, ha dicho, están situados en un tercer escalón, mientras que en el primero están los visionarios y en el segundo los investigadores. “Tenemos que estar bien formados y gestionar muy bien las expectativas de los pacientes, que vienen con lo que han leído en los libros de los gurús, lo que ven en los medios…”. Así, ha explicado que las mujeres madrileñas que nazcan en 2030 tendrán una esperanza de vida de 93 años. Y detallado un aspecto relevante: la importancia del cortisol. “A nuestros antepasados se les disparaba esta hormona del estrés cuando iban a cazar. Ahora no tenemos que cazar para sobrevivir, pero nos sirve para ver cómo reaccionamos y toleramos el estrés. En las zonas azules donde hay esperanza de vida es común tenerlo bajo”. También ha hecho referencia a la importancia de los antioxidantes, teniendo en cuenta que los habitantes de las ciudades están sometidos a niveles enormes de estrés oxidativo. 

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