En torno a la biodiversidad…

JORGE CASSINELLO ROLDáN

Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC, CSIC-UCLM-JCCM)

El paisaje en mosaico del Mediterráneo y su supervivencia: de la ganadería extensiva al papel desempeñado por las especies exóticas

La comunidad vegetal que caracteriza a la cuenca del Mediterráneo se está viendo amenazada por la acción humana, que ha ido alterando su composición y estructura, disminuyendo la riqueza de especies que la componen y, en suma, degradando su propia naturaleza.

Las amenazas a nivel de ecosistema
Cuando nos referimos a especies amenazadas, dentro de la fauna española nos vienen rápidamente a la mente ejemplos como el lince ibérico, el águila imperial o quizás la foca monje…, mientras que a nivel mundial podríamos citar la ballena azul, el tigre de Bengala o el panda gigante. Estos iconos DESTACADOSPerfil: Jorge Cassinello Roldán
de la conservación se corresponden con especies animales, las cuales en muchas ocasiones nos sirven como «especies bandera» para llamar la atención sobre la conservación del ecosistema en donde habitan. De hecho es bien conocido el efecto positivo que tiene el utilizar especies llamativas, atractivas, aceptadas y queridas por el imaginario colectivo, a la hora de conseguir llamar la atención de la opinión pública hacia la necesidad de llevar a cabo políticas que promulguen la conservación de la naturaleza. Pero estos ejemplos representan tan solo un pellizco en la punta de un tremendo iceberg. Según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en el año 2011, había contabilizadas 19.570 especies amenazadas, una estima basada exclusivamente en aquellos grupos taxonómicos suficientemente evaluados, por lo que la cifra real es seguramente mayor.




El arrui es una especie pastadora y podría consecuentemente ocupar un nicho vacío en el medio mediterráneo. / Foto: cedida por el autor.


Por otro lado, ninguna especie vive aislada, sino que forma parte de un ecosistema que le acoge, su «hogar» o nicho ecológico, el cual podemos definir como el conjunto de factores abióticos (físicos) y bióticos (organismos) que determinan las condiciones óptimas para que pueda desarrollar su ciclo vital. Las especies, pues, viven en compañía de muchas otras especies animales y vegetales, con algunas de las actuales pueden tener una estrecha relación, por ser fuente de alimento, potenciales depredadores, o simplemente compañeros de camino, compitiendo o no por la obtención de recursos. Es evidente también que la situación de alarma que resume admirablemente la UICN en su Lista Roja, ocasionada en gran medida por la acción humana directa e indirecta, no tiene por qué ceñirse a especies concretas, salvo el caso en que estas sean objeto de interés y por tanto se busque el capturarlas o cazarlas expresamente, por lo que en gran cantidad de ocasiones las amenazas afectan a un hábitat o ecosistema determinado. Consecuentemente, podemos afirmar que algunos ecosistemas pueden verse amenazados por la acción humana, por medio de la alteración de su composición y estructura, disminuyendo la riqueza de especies que lo componen y, en suma, degradando su propia naturaleza. Este es el caso actual de la comunidad vegetal que caracteriza la cuenca del Mediterráneo. Veamos por qué.


La cuenca mediterránea: ejemplo de biodiversidad
La cuenca mediterránea es considerada un hot spot o «punto caliente» en términos de conservación, debido a la gran diversidad de formas biológicas que alberga. Así, en sus 2,3 millones de kilómetros cuadrados existen al menos 25.000 especies de plantas, lo que se corresponde con un 10% de todas las especies vegetales existentes en la Tierra, ocupando el 1,6% de la superficie seca del planeta. Además, aproximadamente la mitad de estas especies son endémicas del Mediterráneo, y un 12% son raras o están amenazadas, porcentaje con tendencia al alza. La cuenca mediterránea es considerada un «punto caliente» en términos de conservación¿Qué ha originado esta fantástica biodiversidad? Hay cuatro factores a tener en cuenta: su biogeografía, su geología, su ecología y su historia. Tras la última glaciación, la denominada Würm, la cual tuvo su apogeo hace 20.000 años y sufrió un colapso drástico hace 10.000, comenzó un periodo de cambio en la cuenca mediterránea mediatizado por un nuevo y desconocido, hasta entonces, comportamiento de la especie humana: la recolección de recursos. Este periodo es el Neolítico, y en él nuestra especie comenzó a ser cazadora-recolectora, teniendo lugar una incipiente actividad agrícola y ganadera. Se trata del comienzo de la domesticación de plantas y animales. La capacidad de disponer de alimento, animal y vegetal, sin necesidad de realizar movimientos nómadas debido a los cambios estacionales que afectan a la disponibilidad de recursos, conlleva la creación de asentamientos humanos estables. Es el comienzo de los pueblos y ciudades y del comercio. Tiene lugar la gran transformación que da origen a nuestra civilización y, progresivamente, una transformación no menos acusada del medio natural en el que vivimos. La cuenca mediterránea es, pues, testigo de estos importantes cambios y sus consecuencias.




Se está produciendo un incremento significativo de las poblaciones autóctonas de ungulados en todo el continente europeo. / Foto: cedida por el autor.


Los cambios ocasionados en el Neolítico
Al comienzo del Neolítico existía en este ámbito geográfico una importante diversidad de ecosistemas vegetales, los cuales habían coevolucionado con gran variedad de animales herbívoros, entre los que destacaban cérvidos esencialmente ramoneadores (tales como Cervus spp. o Dama spp.), es decir, que se alimentan sobre todo del estrato leñoso, y bóvidos de gran tamaño como el uro (Bos primigenius) y el bisonte europeo (Bison bonasus), esencialmente pastadores, al igual que el caballo salvaje o tarpán (Equus ferus). El conjunto de estos ungulados herbívoros, abundantes en toda la cuenca, como así indican los restos fósiles de ese periodo, ocasionaban una elevada presión de herbivoría sobre la cubierta vegetal, lo cual originó en las especies de plantas del Mediterráneo el La domesticación de especies silvestres por el hombre del Neolítico fue un factor determinante para la extinción de herbívoros pastadoresdesarrollo de defensas físicas y químicas, debido a un proceso de coevolución entre estas y los herbívoros. Asimismo, la elevada diversidad de plantas mediterráneas, tanto leñosas como pertenecientes al estrato herbáceo, se vio favorecida por la herbivoría, al controlar esta la proliferación de especies de plantas dominantes en la comunidad vegetal.

Pero el equilibrio alcanzado entre plantas y herbívoros comenzó a verse alterado por la acción humana, en dos ámbitos complementarios: la caza y la domesticación de especies silvestres. La actividad cazadora originó una presión desmedida y desconocida hasta entonces sobre los ungulados, particularmente sobre bisontes y uros. En el caso del bisonte, abundante en praderas y bosques más septentrionales, la caza por su carne y su piel dio lugar a una progresiva desaparición de la especie de la cuenca mediterránea. Así, en la Península Ibérica el último registro de bisonte se localiza en Navarra en el siglo XII. En relación al uro se cree que los factores que dieron lugar a su extinción fueron la caza y la degradación del hábitat por el hombre, así como la probable competencia por los recursos con poblaciones domésticas de ganado vacuno. Los estudios genéticos más recientes parecen indicar que la domesticación del uro solo tuvo lugar en las poblaciones de Oriente Medio, pero esta versión doméstica se expandió rápidamente por el Mediterráneo. Al parecer el uro ya se habría extinguido de la cuenca mediterránea en los últimos años del imperio romano. En el caso del tarpán, su progresiva desaparición en el Neolítico parece ser consecuencia principalmente del desplazamiento al que se vio sometido por la creciente proliferación de caballo doméstico en la cuenca. En suma, el proceso paulatino de domesticación de especies silvestres por parte del hombre del Neolítico está considerado como uno de los factores más determinantes a la hora de explicar la extinción de herbívoros pastadores como el uro y el tarpán.

Asimismo, la alteración del hábitat provocada por la creciente actividad agrícola debió ejercer un papel importante también en el desplazamiento de poblaciones de ungulados, particularmente los que habitaban valles y zonas de media montaña. Además, la conducta gregaria de los grandes herbívoros pastadores pudo jugar en su contra. Tanto bisontes como uros y tarpanes mostraban una elevada dependencia trófica a la riqueza de los pastos, la cual está mediatizada por los cambios estacionales. Este hecho probablemente ocasionaba movimientos migratorios de grandes manadas de estos herbívoros, en busca de pastos adecuados, tal y como en la actualidad hacen otras especies de ungulados, lo que seguramente facilitaría el seguimiento, caza y captura por parte del hombre del Neolítico.


La realidad es que durante este crucial periodo que transcurre
en la cuenca mediterránea desde hace unos 10.000 años hasta aproximadamente hace 3.000 años, el hombre alteró el paisaje, persiguió especies hasta su extinción, domesticó plantas y animales, y creó un nuevo orden, el cual, paradójicamente, seguía caracterizado por una gran riqueza florística en donde se alternaban entornos boscosos, arbusivos y pastizales. De alguna manera, el nicho ocupado por los extintos ungulados pastadores pasó a ser ocupado por ganado vacuno, equino y ovino, los cuales junto al caprino, configuraban una presión de herbivoria elevada, quizás semejante a la ejercida por los ungulados silvestres previos.




En zonas de la cuenca mediterránea se está promoviendo el abandono de los cultivos agrícolas y de la ganadería en extensivo. / Foto: cedida por el autor.


Los cambios actuales: consecuencias medioambientales del abandono rural
¿Qué está ocurriendo en la actualidad? La realidad socioeconómica de nuestra sociedad está ocasionando un progresivo y en ocasiones acelerado abandono del medio rural. La falta de recursos económicos, las mayores posibilidades que ofrecen a este respecto las ciudades y, en definitiva, la nula percepción de un futuro estable por parte de la población rural están promoviendo el abandono de los cultivos agrícolas y de la ganadería en extensivo en amplias zonas de la cuenca mediterránea. Este hecho está marcando un apreciado avance de masas de matorral e incluso boscosas en áreas en donde predominaba un paisaje en mosaico, alternado con pastos y prados. Las consecuencias son aún imprevisibles.

Entre los principales efectos negativos que esta realidad está causando se encuentran:

  • Homogeneización del ecosistema vegetal. Pérdida de biodiversidad.
  • En climas áridos y semiáridos, aumento de la erosión por desaparición de la cubierta vegetal.
  • La pérdida de heterogeneidad en los hábitats afectará a las especies animales adaptadas al ecotono y a los paisajes de estructura variable.
  • Aumento del riesgo de incendios forestales por el aumento del entorno arbustivo o biomasa combustible.

Es evidente que el papel desempeñado por la ganadería extensiva, ocupando un nicho ecológico previamente feudo de grandes herbívoros pastadores, ha permitido mantener el paisaje en mosaico propio de la cuenca del Mediterráneo, en donde se alternan pastos, matorrales y bosques de muy distinto linaje, dependiendo de la altitud, composición del suelo y demás factores biogeográficos.


Los ungulados silvestres
En la actualidad, se está produciendo un incremento significativo de las poblaciones autóctonas de ungulados en todo el continente europeo y la cuenca mediterránea en particular. Las razones son variadas, pero el interés cinegético, la falta de depredadores naturales y el abandono del medio rural por parte del hombre se encuentran entre las principales causas. Este aumento de herbívoros está teniendo lugar con un sesgo importante, predominando las especies esencialmente ramoneadoras. Así, en el monte mediterráneo español tenemos ciervo común (Cervus elaphus), corzo (Capreolus capreolus) y gamo (Dama dama), y en la alta montaña cabra montés (Capra pyrenaica); el caso del rebeco (Rupicapra pyrenaica), una especie generalista con hábitos ramoneadores y pastadores, es diferente, pues se encuentra muy localizado en las zonas montañosas del Cantábrico y los Pirineos. Apreciamos pues una relevante carencia de ungulados herbívoros esencialmente pastadores entre la fauna autóctona del Mediterráneo, dado que, como hemos visto, hace cientos de años que se extinguieron uros, bisontes y tarpanes. Por otra parte, ya hemos visto que el nicho ecológico de estas especies extintas ha sido ocupado progresivamente por ganado vacuno, ovino y equino... hasta hoy.
 
En las actuales circunstancias, ¿peligra el ecosistema vegetal en mosaico que ha caracterizado al Mediterráneo desde el comienzo del presente periodo postglacial? Quizás no. No sería acertado afirmar que carecemos de ungulados silvestres que se alimenten principalmente de herbáceas, lo que ocurre es que estos ungulados no son autóctonos, o al menos no lo es uno de ellos. Nos referimos al muflón europeo (Ovis orientalis musimon) y al arrui (Ammotragus lervia).

Todos los indicios nos muestran al muflón europeo como una oveja salvaje de origen asiático que sufrió un incipiente proceso de predomesticación en Europa a comienzos del Neolítico, volviendo a un estado asilvestrado en varias islas del Mediterráneo. La domesticación de ovejas salvajes debió comenzar hace unos 8.000 años en Europa Oriental, en la Península de Anatolia, siendo al parecer el muflón un ejemplo temprano de dicho proceso. De hecho la estrecha relación genética con la oveja doméstica lo coloca en la posición ancestral de la misma. Mientras en la Europa continental y en el Oriente Próximo proliferaron poblaciones de ovejas domésticas, en las islas mediterráneas de Córcega, Cerdeña y Chipre el muflón permaneció intacto, tal y como lo conocemos ahora, con su peculiar librea, de tonalidad pardo La ganadería extensiva ha permitido mantener el paisaje en mosaico propio de la cuenca del Mediterráneooscuro, con una conspicua «silla de montar» de tono blanco en el lateral de los machos. Con posterioridad, en el siglo XVIII, comenzó a ser introducido desde las islas al continente europeo como especie cinegética, aunque se tiene constancia de que ya en el Medievo se introdujo como especie ornamental en parques y jardines. El valor creciente de su trofeo cinegético ha ocasionado una presencia significativa en libertad en varios países del centro y este de Europa, así como en España. En nuestro país se introdujo en 1953, cuando unos pocos ejemplares procedentes de Francia y Luxemburgo fueron liberados en la Sierra de Cazorla, Jaén. Desde entonces ha proliferado en libertad y en cotos de caza privados. La población española está considerada como una de las más valiosas desde el punto de vista cinegético; sin embargo, desconocemos el nivel de endogamia y sería necesario realizar un estudio de variabilidad genética y viabilidad de nuestras poblaciones. Recientes investigaciones comparativas de selección de alimento indican que se trata de una especie básicamente pastadora, con un aparente escaso nivel de solapamiento con la dieta de otros ungulados herbívoros autóctonos con los que convive, en concreto con el ciervo ibérico. El muflón está perfectamente adaptado al monte mediterráneo, prefiriendo las áreas de ecotono, o zonas de matorral-bosque denso acompañado de zonas abiertas con pasto. Puede estar presente en áreas rocosas y pedregosas, por lo general entre los 1.000 y los 1.500 metros de altitud. En realidad es una especie que se adapta fácilmente a distintos medios, aunque prefiere el matorral y los roquedos. Como contraste destacar su adaptación a la alta montaña en los Pirineos y los Alpes.

El arrui es un primitivo caprino norteafricano considerado por algunos autores origen de la cadena evolutivas de ovejas y cabras salvajes. Su estatus y distribución en los países de origen está poco documentado, pero en esencia se encuentra en retroceso debido a la caza indiscriminada y a la alteración de su hábitat. Paradójicamente el arrui como especie no está amenazado al existir poblaciones introducidas con un elevado éxito reproductivo en el sur de los Estados Unidos de América, norte de México y sureste de España. El arrui, al igual que el muflón, o incluso en mayor grado, es también una especie esencialmente pastadora y podría consecuentemente ocupar un nicho vacío en el medio mediterráneo. Es habitante de áreas rocosas en donde predominan pastos de montaña y matorral variado. Sin embargo, no se adapta a todos los ambientes y prefiere zonas áridas o semiáridas, en donde el nivel de precipitación sea relativamente escaso. El arrui no ha conseguido adaptarse a ningún otro país europeo en donde se ha intentado su introducción (v.g., Alemania e Italia). Estudios realizados en cautividad indican una sorprendente capacidad de soportar elevados niveles de endogamia. Finalmente, indicar el carácter colonizador de la especie que origina amplias distribuciones acompañado, de una elevada tasa reproductiva.




La población española de muflón está considerada como una de las más valiosas desde el punto de vista cinegético. / Foto: cedida por el autor.


Cómo evitar la pérdida de la heterogeneidad paisajística del Mediterráneo
Preservar pues la biodiversidad vegetal de la cuenca mediterránea ha de ser una prioridad en las políticas de conservación. ¿Qué soluciones se pueden proponer?

Hasta la fecha la ganadería extensiva ha ayudado al mantenimiento de la heterogeneidad ecológica, sin embargo la realidad socioeconómica actual hace bien difícil plantear una política de apoyo o subvención que permita mantener de forma significativa la viabilidad de este tipo de pastoreo. El progresivo abandono del medio rural parece un hecho irreversible, y nos enfrenta a un nuevo escenario que tendrá importantes repercusiones medioambientales en el futuro inmediato. Tenemos que estar preparados para responder a ello.

Necesitamos recuperar la presencia en nuestros campos de especies pastadoras silvestres, naturales, capaces de mantenerse por sí mismas y reproducirse en el medio natural. Contamos ya con la presencia significativa de dos ungulados exóticos en nuestros campos; y nos enfrentamos ahora al problema ecológico, y Necesitamos recuperar la presencia en nuestros campos de especies pastadoras silvestrestambién ético, sobre si estas especies pueden resultar paradójicamente útiles para gestionar nuestro medio natural. Aún nos falta mucha información científica para conocer qué efectos ecológicos ocasionan estos bóvidos sobre el medio que les acoge; pero podemos avanzar algunas hipótesis de trabajo.

El muflón europeo, como hemos visto, es probablemente el ancestro de todas las razas europeas de ovejas domésticas; las cuales han sido y son ampliamente utilizadas en extensivo en la cuenca mediterránea. Su nivel de gregarismo es inferior al de los rebaños de ovejas pastoreados por el hombre, y los previsibles daños sobre la flora no es esperable que sean por tanto superiores al de sus parientes más modernos. Consecuentemente, podríamos considerar al muflón como propio de la cuenca mediterránea sensu lato, y quizás una especie pastadora de interés a la hora de preservar pastos y praderas de montaña.

En cuanto al arrui nos encontramos con un problema mayor, debido a su origen geográfico y taxonómico. Para poder determinar su incidencia en el medio es necesario llevar a cabo detallados estudios sobre sus efectos en el ecosistema mediterráneo. Si conocemos bien su ecología trófica, sus hábitos alimenticios, su dinámica poblacional, si gestionamos bien sus poblaciones, quizás pueda ser un aliado a la hora de preservar los pastos y los matorrales de nuestras zonas montaña semiáridas.

En suma, como ecólogo debo primar el estudio con base científica, pero tampoco puedo descartar hipótesis alternativas a la posición fundamentalista relativa al origen «exótico» de las especies. El entrecomillado es mío.

Me permitiré una última licencia como colofón de este ensayo. ¿Y sí reintroducimos al uro, bisonte y tarpán? Aquí nos enfrentamos con varios problemas, desde el exotismo de especies que llevan cientos de años alejadas de nuestros ecosistemas (discutible), hasta la viabilidad de especies «reconstruidas» genéticamente (uro, tarpán...). El bisonte europeo, empero, sí es un superviviente; la población recuperada en Polonia es un magnífico ejemplo de éxito conservacionista, pues estuvo al borde de la extinción a principios del siglo XX, y un exitoso programa de cría en cautividad lo salvó; si bien, a costa de una dramática pérdida de variabilidad genética. Hay un programa europeo de reintroducción del bisonte en varios países europeos, incluida España. Desconozco el fundamento científico fino, las premisas ecológicas que se están barajando..., pero no descarto un avance por este camino que podría aportar soluciones al mantenimiento del paisaje, sobre todo en áreas más septentrionales. Habremos de estar atentos a los acontecimientos y abogar por un seguimiento científico riguroso.

En suma, puede haber soluciones, pero es evidente que estamos siendo testigos de un cambio de uso del suelo, estamos abandonando la sostenibilidad espontánea del hombre del Neolítico; tenemos que estudiar con cuidado las alternativas y dedicar grandes esfuerzos en salvaguardar nuestro rico patrimonio natural. Las generaciones venideras nos juzgarán... confío que benévolamente.

Perfil: Jorge Cassinello Roldán

Científico titular del CSIC y director del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), un instituto mixto de investigación, dependiente del CSIC, la Universidad de Castilla-La Mancha y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada en 1988. Desarrolló su trabajo doctoral en la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC), en Almería, obteniendo el grado de Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada en 1994. Durante dos años disfrutó de un contrato como Research Associate en el Sub-Department of Animal Behaviour, Department of Zoology, de la Universidad de Cambridge, Reino Unido. Contratos postdoctorales en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), en Madrid (años 1995-2003). Asimismo, obtuvo un contrato Ramón y Cajal en 2003, trasladándose al IREC y creando su propio grupo de investigación, el cual está centrado en el estudio de la ecología del comportamiento y la biología de la conservación de ungulados. Entre sus líneas de investigación destacan el estudio de cuidados parentales, reproducción, ecología y conservación de grandes herbívoros, especies exóticas invasoras y sus efectos sobre el ecosistema, y efectos deletéreos de la consanguinidad. Tiene 70 publicaciones, entre artículos científicos, artículos de divulgación y capítulos de libro. Ha dirigido tres tesis doctorales, y ha sido responsable hasta la fecha de 15 ayudas para investigación, entre proyectos, contratos y acciones especiales, gestionando más de 600.000€ en recursos.

Publicado en Núm. 09


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