Línea Estratégica FGCSIC: Fronteras

Entrevista a JAVIER ECHEVERRíA

Investigador de la Fundación Vasca para la Ciencia (Ikerbasque)

«Los buenos problemas orientan la investigación durante décadas»

Autor de más de quince libros sobre ciencia,y miembro de la International Academy of Philosophy of Science, Javier Echeverría habla de la investigación de frontera desde la perspectiva filosófica

El concepto de frontera de la ciencia es difuso y cambiante, ¿cómo puede definirse desde una perspectiva filosófica?
Ese concepto viene de una metáfora muy norteamericana que conecta con la idea de buscar nuevas fronteras, de alcanzar ámbitos que no han sido explorados. Se basa en la idea de que la búsqueda del conocimiento no tiene fin. Los recursos materiales pueden agotarse, pero en la ciencia no hay límites.

Esa característica de riesgo, ¿no elimina el interés de las organizaciones privadas por la investigación de frontera?
La ciencia moderna tradicionalmente fue determinista. Se enfrentaba a cosas que se podían resolver y a otras que no, que la propia ciencia clasificaba como irresolubles. A comienzos de los 80, cuando aparecen los sistemas de innovación, la incertidumbre entra a formar parte consustancial del modelo. La ciencia vinculada a la tecnología y a la innovación asume la incertidumbre. Se investiga sin saber a dónde se va a llegar. Y la iniciativa privada tiene que asumir retos. Quien invierte con riesgo y con incertidumbre en investigación fallará en nueve de cada 10 proyectos, pero ese uno que tenga éxito le permitirá obtener beneficios por los otros nueve.

¿Es posible estandarizar sistemas qué determinen qué es investigación en frontera y qué no lo es, con independencia de sus resultados o sus procedimientos?

Lo que es investigación en frontera lo tienen que decir los especialistas de cada uno de los ámbitos científicos. Normalmente está vinculada a la existencia de problemas. Como dicen los matemáticos, los buenos problemas orientan la investigación durante décadas o incluso siglos. Esas son las investigaciones de frontera, las que atraen a muchos investigadores, recursos, infraestructuras..., que surgen en torno a problemas de muy difícil solución. La conquista del espacio, por ejemplo, fue un reto de primera magnitud, pero los beneficios también han sido inmensos. Los visionarios de cada ámbito científico son los que se plantean retos del tipo: “Estas son las grandes cuestiones que tenemos que resolver. Aquí puede haber grandes avances, aunque no sepamos con exactitud cuáles y cuándo van a tener lugar”.


Javier Echeverría

El filósofo y matemático Javier Echeverría


El precio por romper las fronteras suele ser muy alto, y en muchas ocasiones más que reconocimiento lo que se cosechan son envidias y aislamiento...
Hay que tener una cierta pasión por el conocimiento para acometer estos proyectos. Si un investigador trabaja con pasión en su ámbito de conocimiento será capaz de arriesgar, porque le gusta lo que hace y obtiene una recompensa intelectual. Los científicos no tienen pasión por el dinero, sino por el conocimiento.

En ámbitos como la ingeniería o los nuevos materiales, ¿los intereses del sector productivo son los que delimitan la velocidad a la que avanzan esas fronteras?
Así es. La nanotecnología, por ejemplo, es un campo en el que se han producido grandes avances. Los investigadores han descubierto ahí una nueva frontera que abre un ámbito de la naturaleza que no había sido explorado. Ahora somos capaces de conocer la estructura del átomo e incluso de intervenir en ella, lo que tiene una importancia incalculable para generar nuevos materiales. Y a la iniciativa privada le interesa esto.

Lo importante es que confluyan todos los intereses, los de la academia y los del sector privado, ya que para llegar a esas aplicaciones productivas es necesario haber desarrollado antes mucha investigación básica. En España, si algo se echa de menos es la implicación privada en la investigación científica. La inversión pública ha crecido en los últimos años, pero no así la privada. Y creo que podría conseguirse con medidas fiscales, como en Estados Unidos.

¿Existen mecanismos que permitan a la sociedad involucrarse en la “hoja de ruta” de los avances científicos al margen de las Administraciones públicas?

Como he dicho, para establecer esas fronteras del conocimiento hay que localizar los problemas. Y los ciudadanos pueden hacerlo. Es lo que los británicos llaman “el tercer sector”, la sociedad civil, que junto con la Administración y el sector privado son capaces de generar o detectar problemas que deben indicar las líneas de investigación.

Se trata de un movimiento hasta ahora minoritario, porque la sociedad no ha tenido una formación científica de calidad. Pero a medida que eso cambia aparecen colectivos ciudadanos que plantean problemas que atender. Conocemos casos, por ejemplo en Francia, de organizaciones sociales que son capaces de generar investigación en aquellos campos en los que tienen un interés.

Este tercer sector, conforme aumenta su formación en ciencia y la capacidad de detectar problemas, genera observatorios y actitudes que pueden determinar la orientación de la investigación hacia nuevas fronteras.

¿Qué papel debe desempeñar el sector público para determinar las áreas en las que hay que hacer esfuerzos para conseguir mayores y más rápidos avances?
Las Administraciones tienen que detectar a los profesionales que demuestran esa pasión por el conocimiento de la que he hablado. Deben apoyarlos para que puedan desarrollar su actividad.

Y en la medida en que gestionan fondos públicos, están obligadas a buscar los beneficios que la ciencia aporta a la sociedad, estableciendo las prioridades en la investigación, y favorecer que los científicos aporten soluciones.

Un ejemplo, lo encontramos en el cambio climático, un problema relativamente nuevo bastante difícil de resolver que la sociedad detecta, y eso provoca que las Administraciones Públicas dirijan buena parte de la investigación que financian a resolverlo. Lo mismo ocurre con determinadas enfermedades y con aspectos vinculados a la alimentación.

Publicado en Núm. 01


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