Efectos sociales de las tecnologías de la información

ANTONIO RODRíGUEZ DE LAS HERAS

Universidad Carlos III de Madrid

La recuperación de prácticas sociales en la Red

El mundo digital, virtual, especular y reticular que comienza a habitar entre nosotros muestra, entre otros interesantes fenómenos, la tendencia a recuperar y reinterpretar actividades que podrían parecer ajenas a un mundo tecnológico. El autor señala cinco aspectos que reflejan esta migración insospechada al espacio digital.

El nuevo artesanado
La Revolución Industrial afectó profunda y ampliamente al trabajador artesano. La industria le despojó, con el maquinismo, de sus medios de producción; también de su lugar, pues el trabajo ya no se hacía en el hogar sino en una nave industrial; y de su tiempo, que dejó de ser flexible y DESTACADOSPerfil: Antonio Rodríguez de las Heras
organizado por el propio trabajador según las tareas pendientes, para convertirse en un horario impuesto y uniforme.

Cuando este despojo parecía irreversible, el mundo digital abre una corriente contraria: cada vez hay más posibilidades para que se establezcan nuevos artesanos. Sus medios ya no serán el torno, el yunque o el banco, sino un artefacto electrónico, un computador, con el que se pueden realizar muchas tareas, además de hacer al trabajador, por la Red, ubicuo. Así que también recupera su lugar, ya que no necesita ir a un local, sino estar en la Red, y la Red es un espacio sin lugares (ese es el gran fenómeno de un mundo en red) en el que, por tanto, se dan las propiedades de la ubicuidad y la deslocalización. Y, por último, liberado de tener que ir no tiene entonces que llegar a una hora y estar un tiempo: el tiempo vuelve a ser blando, sin la rigidez del horario, acomodable a la voluntad del trabajador y a las tareas que asuma.

Estos nuevos artesanos no trabajan con la arcilla, el hierro, la madera o el cuero, sino con la información. Todas las actividades que tengan como materia prima la información son susceptibles de este cambio.




Cúpula del British Museum de Londres. / Foto: Antonio Rodríguez de las Heras.


Esta resaca posindustrial se intensificará posiblemente en los próximos años como consecuencia de la trastornadora crisis económica. Se está produciendo, por la necesidad, un significativo cambio en la mentalidad de las sociedades hasta ahora privilegiadas: los jóvenes ya no aspiran como el más satisfactorio remate de sus estudios a ingresar en una gran empresa o en una administración pública, pues la vulnerabilidad de estos empleos es cada vez más elevada. Por otro lado, pero amplificando este cambio de aprecio, poco a poco van brotando en las nuevas generaciones otros valores, como el del tiempo, y no sólo el del dinero, que no se compaginan con la alienación que produce el trabajo por cuenta ajena en un sistema capitalista insaciable. 

Hasta ahora, el nada apetecible trabajo freelance, se veía como una opción para cuando no había otro remedio, y en general no era valorado socialmente. Hoy, en este escenario de devastación de lo establecido que presenta la crisis, Hoy, en este escenario de devastación de lo establecido que presenta la crisis, nuevas formas profesionales, nuevas actividades, nuevas relaciones laborales, nuevos modelos de negocio se están gestandonuevas formas profesionales, nuevas actividades, nuevas relaciones laborales, nuevos modelos de negocio se están gestando. Lo que hasta estos años críticos se interpretaba como un trabajo precario perderá esa consideración, pero no por conformismo fatalista, sino por otros valores, y porque este espacio sin lugares que es la Red permite formas nuevas impracticables en nuestro espacio natural.

Modelos de negocio insostenibles con una plantilla fija, con unos locales para albergarla, tendrán viabilidad si encuentran la proporción adecuada entre su presencia de este lado y del otro de la pantalla, entre los empleados en las tareas in situ y los nuevos artesanos deslocalizados en la Red.

La conciencia de pertenencia al sistema capitalista y su visión cambiarán por otras perspectivas y experiencias que dará esta nueva organización de las relaciones laborales. Así que un profundo e imprevisible cambio social subyace bajo esta transformación que trae el mundo en red.


Internet va por barrios
La Red es un mundo virtual, y por ser virtual es también especular; es decir, nos reflejamos en ese mundo como si fuera un espejo. Es un espejo borroso, aún las imágenes son muy imprecisas, pero el proceso hacia la nitidez es imparable.

Muchas personas se inquietan ante esta característica de la Red. Les parece que amenaza su intimidad, ven este trasvase de datos digitales sobre su identidad y sus actividades como la amenaza de un totalitarismo orwelliano. Pero es inevitable: vamos dejando rastro en la Red, ya no de huellas ni de células muertas con nuestro ADN, sino de ceros y unos. Estas trazas no implican solo la utilización maligna de un Gran Hermano; con ellas se puede construir un perfil.

Se recurre con frecuencia a la metáfora de la megalópolis para hacer ver la Red, lo que hay al otro lado de la pantalla. Esta representación de algo tan abstracto es útil también para entender la función que tiene el hecho de que se evolucione hacia un espejo cada vez más nítido en el que se pueda reconocer nuestra imagen. Cuando se llega a una gran ciudad la impresión envolvente es de exceso y de desorientación: hay demasiadas cosas, demasiados estímulos. Nos sentiremos bien instalados en ella, ciudadanos y no sólo visitantes, cuando hayamos contorneado nuestro barrio. En el barrio, un espacio cotidiano y humanizado abierto a la totalidad de la gran ciudad, vamos a las tiendas que conocemos, y en ellas nos conocen, nos cruzamos con personas que volvemos a ver, hay vecindad, hay saludos... Cuando dejamos este espacio abierto, pero próximo, nos engulle la gran ciudad.

Igual sucede en la Red.  Es demasiado grande. Google es una compañía de taxis que nos conduce a cualquier punto de la urbe. Dependemos de estos taxis como el recién llegado, e incluso no podemos evitar cierta desconfianza de si nos lleva por el camino correcto. Después de unos años en que el papel de un buscador como el de Google ha resultado imprescindible, es ya el momento de sentirnos más cómodos y mejor integrados en la Red: se tiene que hacer a nuestra medida, ofrecerse como un barrio en donde conocemos y nos conocen, donde sabemos en qué sitio están las cosas, y éstas se encuentran próximas, sin tener que depender de un taxi. No por ello estamos encerrados, ni nuestro mundo urbano es limitado: toda la megalópolis está a nuestro alcance.

La evolución de la Red en los próximos años se medirá, entre otras características, por su especularidad. La pantalla se parecerá más a un espejo de azogue. Veremos nuestra imagen fiel al otro lado de la pantalla. Esto permitirá que al ser reconocidos nos envuelva el entorno que nos conviene, el que necesitamos. Nos sentiremos así en un barrio, el nuestro, de la gran ciudad. Y esto no será óbice para que preservemos nuestra intimidad, como ahora lo hacemos, en los momentos que consideremos oportunos. El barrio no habrá desaparecido en el mundo digital.

Pero ahora esta evolución perturba. Mantenemos aún frente al espacio digital los escrúpulos y el recelo propios de un lugar al que acabamos de llegar; no lo controlamos aún y todo se nos presenta amenazador. Creamos fantasmas.


Bajar a la plaza
En el espacio urbano la plaza ha sido desde sus orígenes lugar de encuentro, de intercambio y de comunicación. La invasión de las calles por el automóvil y la invasión de los hogares por la información audiovisual contrajeron la afluencia a la plaza, que se convirtió en lugar de paso, sin las funciones de antes.

Con el mundo digital se ha realizado una operación urbanística virtual extraordinariamente sugerente. Se han demolido estrechas calles por donde sólo se podía pasar (sería la Web 1.0) y ha aparecido una amplia plaza. La grata sorpresa es que la gente ha comenzado a ir a esta plaza, hasta alcanzar la efervescencia y vitalidad de las plazas de antaño. Se forman incontables corrillos en los que se habla de lo divino y de lo humano. Se puede observar el comportamiento de los corrillos, que, como si fueran remolinos, continuamente se dividen, se agrupan, crecen, menguan...

Quienes poseen los espacios cerrados en donde se habla desde el púlpito, la tribuna, la cátedra, el escenario, miran con recelo esta efervescencia de la plaza. Dicen que de ahí sólo brota trivialidad y ruido. Pero lo que desprecian como ruido es rumor. Y en ocasiones ese rumor se hace La Red es un mundo virtual, y por ser virtual es también especular; es decir, nos reflejamos en ese mundo como si fuera un espejointeligible: es el fenómeno de la emergencia; lo que brota de abajo y no se dicta, por tanto, desde arriba, desde la tribuna, la cátedra, el púlpito, el escenario...

Las redes sociales están mostrando la fuerza transformadora que tiene en la Red lo pequeño y abierto frente a lo grande y cerrado, las nuevas posibilidades de recuperar la comunicación en una sociedad conformada hasta ahora por unos medios destinados a la información de masas.

Estamos sólo al comienzo de este fenómeno. Pasados las desconfianzas y los desprecios, superado el desconocimiento que los soporta, una poderosa forma de comunicación mediada por la tecnología abrirá una época de transformaciones quizá mayor (eso sería lo conveniente) que las que abrieron otras mediaciones técnicas como la imprenta y lo audiovisual.


Entre la oralidad y la escritura
Hace unos años se discutía si el soporte digital favorecería más a la cultura escrita o a la audiovisual. Ambas se disputaban la hegemonía; una por secular, y hasta entonces dominante; y otra por expansiva y atrayente. Para la escritura, el soporte digital proporcionaba capacidades imposibles sobre papel; pero a la hora de la lectura la necesidad de un artefacto con una pantalla electrónica, en vez de un libro códice, dificultaba su aceptación. En cambio, para la comunicación audiovisual la pantalla era su espacio propio. El empeño por encontrar un artefacto de lectura ergonómico ha dado su fruto y ahora tanto una cultura como la otra tienen su oportunidad en la Red.

Pues bien, cuando parecía que todo iba a seguir como hasta ahora, pero con más potencia, es decir, la cultura impresa y la audiovisual repartiéndose presencia e influencia en la sociedad tecnológica, la oralidad reaparece. La cultura oral fue reducida por la hegemonía de la escrita, que se impuso como cultura superior; pero con la digitalidad tiene una interesante reinterpretación.

La oralidad supone un aquí y un ahora. Es decir, coincidencia en un lugar y en un momento. La escritura tiene dos lugares (el del escritor y el del lector) y dos momentos (cuando se escribe y cuando se lee), por tanto hay un allí (distancia) y un entonces (asincronía). Sucede lo mismo si es un registro audiovisual. Además en la comunicación audiovisual se puede dar, y decimos entonces que es en directo, un allí y un ahora; en este caso, emisor y receptor no se encuentran en un mismo lugar, pero sí están en el mismo momento.

En una red social, en esta nueva plaza, en los corrillos que se forman se da una comunicación que ya no es allí (dos lugares) ni aquí (coincidencia), sino ahí. La especularidad del espacio digital coloca una imagen nuestra al otro lado de la pantalla, y ahí se encuentra con las imágenes especulares de otras Las redes sociales están mostrando la fuerza transformadora que tiene en la Red lo pequeño y abierto frente a lo grande y cerradopersonas. Por tanto, dos personas no están en los extremos de un canal de comunicación, sino que se encuentran dentro de un espacio de comunicación, el digital, merced al desdoblamiento que el espejo produce.

En cuanto a la coincidencia o no temporal, es interesante observar que en la red social no se da ni el entonces ni el ahora, sino el ahora dilatado. Lo que se habla en un corrillo no es tan efímero como en una conversación oral, pero tampoco persiste como sobre el papel, el celuloide o la cinta magnética: dura unas horas, pocas, y se desvanece igual que la palabra en el aire.

No se podría adelantar hace pocos años que con un soporte tan resistente como el digital se optara por una comunicación tan poco persistente, casi como la oral. Y esto es lo que hace que la evolución de la digitalidad, entendida como esta forma nueva de comunicación, resulte tan interesante de observar.
En las redes sociales, hay una comunicación que se aproxima más a la oralidad que a la escritura, por lo que prácticas propias de la comunicación oral se están recuperando y reinterpretando en el espacio digital.


El arte de la memoria
Antes de la imprenta, un método mnemotécnico tuvo un desarrollo importantísimo. El arte de la memoria se basaba en saber crear imágenes y lugares para colocar en sus detalles las palabras. Figuras, edificios, incluso ciudades, y luego figuras geométricas y sus combinaciones y rotaciones absorbían las palabras y las contenían en sus elementos. Al recorrer con la vista o con la imaginación estas imágenes y lugares brotaban de nuevo las palabras. El método se basaba en la fuerza de retención que tienen las imágenes y los lugares en nuestra memoria. Por tanto, las palabras, mucho más difíciles de retener, se refugiaban contra el olvido bajo los detalles de las imágenes y lugares imaginados.

Esta práctica mnemotécnica pierde utilidad con la llegada del libro impreso y la abundancia de papel para retener las palabras. Parecía que continuaría entonces tan solo como objeto de estudio de especialistas. Pero la digitalidad recupera el arte de la memoria.

La escritura ha migrado del papel al soporte digital. Todo el patrimonio libresco estará sobre el nuevo soporte, y ya se publica para una lectura en un artefacto electrónico y no en un libro códice. Sin embargo, se sigue escribiendo como si se hiciera sobre papel y para ser leído en la página de un libro. Hemos aceptado el nuevo soporte, pero no nos hemos desprendido aún plenamente de las dos dimensiones de la hoja ni comprendido que en el soporte digital la escritura es en tres dimensiones. Por consiguiente, la escritura supone también plegar el texto (hipertexto) y no sólo extenderlo por la superficie de la hoja. Y si pliego hábilmente un texto se crea como en el papel, por el arte de la papiroflexia, una figura. Debajo de los detalles de esa imagen estarán las palabras, igual que en el arte de la memoria. El saber plegar un texto bajo los elementos de una imagen, crear, por tanto, la imagen oportuna para que contenga el texto es una práctica de escritura nueva muy atractiva, pues explora los caminos por donde irá la escritura y la lectura cuando ya no se hacen sobre el papel. El arte de la memoria secular y abandonado puede tomar ahora el nombre de nemótica. Se reinterpreta así ante las nuevas instancias y las nuevas posibilidades que abre el mundo digital. Estamos en los inicios, pero es una llamada irresistible a la creatividad.

Perfil: Antonio Rodríguez de las Heras

Catedrático y director del Instituto de Cultura y Tecnología de la Universidad Carlos III de Madrid, en la que ha sido Decano de la Facultad de Humanidades, Comunicación y Documentación. Sus estudios se centran en las transformaciones que la tecnología produce en la cultura y en la educación. Ha dirigido el Laboratorio EducaRed de Formación Avanzada. Profesor en la Sorbona y en Paris VIII-Saint Denis. Premio Fundesco de Ensayo con el ljbro Navegar por la información. Sus publicaciones disponibles en la Red están en www.rodriguezdelasheras.es.

twitter.com/ARdelasH.

Publicado en Núm. 07


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