El envejecimiento es un problema característico
de las sociedades desarrolladas. Si bien el programa biológico de la especie puede ser
compatible, en condiciones óptimas, con una esperanza de vida por encima de los 100 años,
evolutivamente, este límite es bastante inferior. El hecho de que la edad media de las
poblaciones desarrolladas sea muy elevada tiene profundos efectos en las sociedades que
deben adaptarse a la mayor pervivencia de los seres humanos. El envejecimiento es, pues,
un problema poliédrico,
multipolar y de resolución o atención necesariamente multidisciplinar.
En evolución los rasgos genéticos que justifican la pervivencia de los individuos de una especie están muy relacionados con la edad hasta la cual se continúa siendo fértil. Cuando un individuo tiene un periodo de edad fértil más amplio, existe una mayor probabilidad de generar descendencia. A la larga, los periodos fértiles largos se estabilizan en la población y terminan convirtiéndose en un rasgo genético característico de la especie. Sin embargo, si las condiciones del entorno no son óptimas, los rasgos genéticos que producen una edad fértil más dilatada son difícilmente seleccionables, puesto que hay una alta probabilidad de que mueran antes de esa edad, lo que no les confiere una ventaja selectiva significativa.
Si bien el programa biológico de la especie puede ser compatible, en condiciones óptimas, con una esperanza de vida por encima de los 100 años, evolutivamente, este límite es, con toda seguridad, bastante inferior.
Sin embargo, el desarrollo científico y tecnológico ha dado lugar a que los mecanismos normales de determinación de pervivencia que obran en la naturaleza no operen en toda su extensión en la especie humana, la cual alcanza edades de pervivencia muy por encima de la que alcanzaría en ausencia del desarrollo que hemos logrado. El coste colateral de esta pervivencia mayor es la aparición de enfermedades, síndromes y discapacidades relacionadas con la edad avanzada no previstas en el programa biológico de la especie humana. Los problemas del envejecimiento se extienden a otros órdenes ajenos al propio individuo: el individuo es el primer afectado (aparición de enfermedades, desgaste fisiológico, limitaciones motoras, etc.), pero también lo es su entorno y el conjunto de individuos que lo rodean.

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